FUNDAMENTOS DEL PÓSTER
El monstruo de esta edición no nace de la fantasía ni de una amenaza externa. Surge de aquello que acumulamos a lo largo de la vida: recuerdos, pérdidas, experiencias inconclusas y emociones que permanecen ocultas, pero continúan habitando nuestro interior.
La pieza toma forma a partir de una figura humana construida mediante fragmentos de objetos cotidianos. Un oso de peluche, una cama, una puerta, un automóvil y otros elementos reconocibles se integran para dar vida a una presencia inquietante. Desde la distancia, percibimos un monstruo; al acercarnos, descubrimos que está compuesto por piezas familiares. La imagen propone así una reflexión sobre la naturaleza de nuestros propios miedos: aquello que nos perturba no siempre es desconocido, muchas veces es parte de nuestra propia historia.
La composición busca generar una experiencia emocional en capas. Primero aparece la inquietud; luego, el reconocimiento. El monstruo deja de ser un otro para convertirse en un reflejo de nosotros mismos, de nuestras heridas, memorias y contradicciones.
La presencia del rojo funciona como una señal de alerta dentro de una composición contenida y monocromática. Es la manifestación visual de la tensión emocional que permanece activa bajo la superficie: aquello que incomoda, persiste y exige ser visto.

